Habemus Soundtrack

El maestro John Williams ataca de nuevo. Prácticamente retirado de la composición para el cine, sus últimos trabajos han sido pequeños conciertos para dos instrumentos que han sido bastante bien recibidos en círculos más selectos. Su retorno al cine es esporádico, y viene siempre de la mano de amigos con los que ya ha colaborado y ha mantenido una estrecha relación.
Ahora regresa con la banda sonora de la nueva entrega de Indiana Jones, y la verdad es que estamos deseando disfrutarla. Habiendo cambiado la clásica London Symphony Orchestra por la Hollywood Studio Orchestra, y de nuevo con las exquisitas orquestaciones de Conrad Pope, estamos seguros de que el maestro nos volverá a encandilar con su regreso a este clásico. En palabas de Williams…
“Haber vuelto a Indiana Jones para ‘La Calavera de Cristal’ ha sido maravilloso. Ha sido como montar en bicicleta, no tienes que aprender de nuevo como hacerlo. Comencé a trabajar y, en una hora o dos, ya estaba de vuelta al ritmo y al espíritu de la pieza. Ha sido, además, una gran oportunidad para volver a jugar a través de la imaginación de George y Steven. Trabajar con estos dos caballeros es siempre una experiencia encantadora. “
Para los muy impacientes, ya se puede realizar la reserva en Amazon. Por ahora nos contentamos con la portada y el tracklist que abajo transcribo y que, naturalmente, es absoluto spoiler.
- Raiders March
- Call of the Crystal
- The Adventures of Mutt
- Irina’s Theme
- The Snake Pit
- The Spell of the Skull
- A Whirl Through Academe
- The Journey to Akator
- “Return”
- The Jungle Chase
- Orellana’s Cradle
- Grave Robbers
- Hidden Treasure and the City of Gold
- Secret Doors and Scorpions
- Oxley’s Dilemma
- Ants!
- Temple Ruins and the Secret Revealed
- The Departure
- Finale
Abril 11, 2008 en 4:46 pm
Lo gracioso es que pone en la carátula “…composed and conducted…” Como en algunos créditos de las pelis de Morricone, que pone “…composed, arranged and conducted…” (o “…orchestrated and directed…”). En fin, a mi parecer la orquestación es casi más importante que la idea melódico-armónica. El timbre es incluso más sutil a la hora de despertar sensaciones inconscientes en el oyente-espectador.
Y si Morricone se empeña en ponerlo en muchos de los créditos es porque se da por hecho que hay orquestadores detrás, en la mayoría de las producciones.
Si es por falta de tiempo, no sé (Ángel probablemente lo sepa) quién ha compuesto más bandas sonoras, Williams o Morricone.
No se trata de comparar, me encanta Williams, pero prefiero otros.
Abril 11, 2008 en 7:50 pm
La discusión entre qué es más importante, si la composición, o la orquestación, es un clásico entre los aficionados a las bandas sonoras.
Si bien es cierto que la orquestación es una parte indiscutiblemente importante de la creación, hay que entender que la banda sonora es también parte de una película y, como tal, no deja de ser una labor de equipo.
Es necesario tener en cuenta que la media de tiempo que tienen los compositores para crear, orquestar, grabar y editar la música está entre tres y cuatro meses, con lo que es inevitable que a veces se utilicen orquestadores para agilizar el proceso.
Por otro lado, hay muchos compositores que prefieren delegar la tarea, como es el caso de Williams, que suele componer a piano y realizar una preorquestación, siendo ésta completada por Conrad Pope. Hay que escuchar a Williams al piano, es una maravilla. Otros compositores prácticamente no saben nada de orquestación, como pueden ser Trevor Jones o Hans Zimmer, y delegan completamente el tratamiento sinfónico de su música, generalmente compuesta en sintetizador. Y finalmente está el caso del artesano, tipo Morricone, que exige por contrato más tiempo de composición, y se encarga de los arreglos él solo y, en este caso particular, con resultado magnífico.
Comparar a John Williams con Ennio Morricone es comparar a Miguel Angel con Leonardo Da Vinci. Cada uno es el mejor en su estilo. La capacidad de sonoridades sentimentales del maestro italiano es única, de llegar al corazón del oyente. Escuchar a Morricone en directo es una experiencia. Por contra, nadie ha sido capaz de hacer “bailar” a los personajes a ritmo de la música como John Williams. Basta ver la famosa escena de los cestos de “En Busca del Arca Perdida”, o toda la secuencia de bicicletas y despedida de “E.T. el Extraterrestre”. Escuchar a Williams en directo es, también, una experiencia.
Mi favorito: John Williams. Porque crecí con él, porque hizo Star Wars, porque me hizo conocer a Herrmann, a Morricone, a Goldsmith, a Steiner y tantos otros.
De todos modos, creo que lo mejor de las bandas sonoras, de Williams y de Morricone es poder escuchar, al pie del altar, la sentida interpretación a violín y guitarra de sus grandes temas.
Abril 11, 2008 en 10:55 pm
Ahí te has portao… Qué arte tienes.
Te doy la razón en que el trabajo de una película es un trabajo en equipo, pero se le da infinitamente mayor importancia al autor (entendiendo, como dices, su composición a piano y orquestación previa) que al orquestador, y ahí no está compensada la cosa.
La historia de la música ha ido dando cada vez más importancia al timbre, la selección de los instrumentos que interpretan la idea melódico-armónica. En el Barroco (no siempre) se podía interpretar, por ejemplo, la parte principal a violín o, si se terciaba, a flauta; el acompañamiento prácticamente se reducía al bajo cifrado que libremente se podía interpretar con clave, órgano, laúd, tiorba… o combinación de ellos, según la ocasión y las posibilidades.
En el Clasicismo y, sobre todo, en el Romanticismo, se hace mayor empeño en resaltar las cualidades tímbricas de los instrumentos, favorecido por el perfeccionamiento de los mismos y de los intérpretes. Las obras especifican cada instrumento sin lugar a elección.
Y ya en el siglo XX se llegan a crear obras en las que el verdadero protagonista es el timbre, la masa sonora. Dejado atrás el sistema tonal se llega incluso a abandonar prácticamente el concepto de ritmo (en algunas obras), y el avance en el “infinito” mundo del sonido (analógico primero y, evidentemente, digital después) hace que las nuevas tendencias en materia de composición sen prácticamente INFUMABLES, NO HAY QUIEN SE LAS TRAGUE.
Mi consejo es olvidar el concepto tradicional de música, escucharlas como se escucha el sonido del mar, el viento, el piar de los jilgueros, el tráfico, una lavadora, la cisterna del bater, el estractor de humos, una taladradora, una moto de “fali” de cadi con el tubo de escape roto, el despertador a las 7 de la mañana. Un gusto, vamos.